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sábado, 7 de noviembre de 2009

"SI LA CENTRAL ESTÁ EN PUCELA....


... yo cerraré mi cuenta", reza el título de un grupo que se ha formado en Facebook alrededor del proyecto de fusión de las cajas de ahorros de Castilla y León. El otro día leía en el mismo medio, el comentario de un bienintencionado joven socialista de Valladolid al que de forma sincera, le "daba mucha pena" esa rivalidad/enfrentamiento entre provincias de la misma comunidad. Y la verdad, el título (como cualquiera) es una forma muy simple de expresar un hastío con como van yendo las cosas en este territorio "autónomo"
; por cierto, con personas de diversas provincias, no sólo de León, en general bastante joven, y con unos 1.000 miembros en este momento, lo que en esta clase de cosas es un número apreciable. Y es que hay cosas que se entienden con dificultad.

Es complicado comprender, por ejemplo, el porqué ese empeño en hacer una fusión "por lo civil o lo militar" entre las cajas de ahorro de Castilla y León, mientras se caracteriza como anatema cualquier tipo de colaboración con entidades del exterior. Sin necesidad de ser muy experto en la materia, parece de lógica cartesiana que tiene más sentido conjugar la operativa de entidades que actúan en mercados distintos y que por lo tanto no colisionarían en su territorio de actuación, sino que complementarían mercado. Lo que para el pensamiento único aquí es "provinciano" es lo que acaba de ocurrir con el acuerdo entre la Caja de Castilla la Mancha y Cajastur (¡qué oportunidad con esta última ha perdido Caja España de cerrar un acuerdo redondo!), o con arreglos similares que se han repetido por todo el territorio nacional. Es lo que ocurre en este comunidad ,en la que hacer algo que difiera de lo que el "lobby vallisoletano" ha definido como bueno, es "provinciano" o "localista", mientras esta camarilla de "universalistas"parecen tener como único afán acumular "todo el material" en el centro, mientras se utiliza al resto de provincias únicamente como parapeto frente a los "ataques externos". Por lo pronto, el modelo por el que definitivamente se ha apostado, genera redundancias en mercados y operativa , y obligará según las primeras estimaciones a reducir en nuestra comunidad alrededor de 1.400 empleos en el sector.

Y es que el objetivo defendido desde algunos participantes o promotores de la operación, en cuanto a blindar operativamente al sector en Castilla y León, equivocado o no, es muy loable. Pero hay signos que hacen sospechar que para otros, Junta de Castilla y León entre ellos, se persigue como fin último otro muy distinto. Sin ir más lejos, el que se esté planteando que la sede de la entidad resultante (por muy simbólica que ésta sea) acabe precisamente en el lugar que no era centro de operaciones de ninguna de las cajas empeñadas en la operación, es el síntoma más claro de lo que verdaderamente está detrás como fin último de esta operación para algunos muy notables partícipes del proceso:
  1. El control definitivo por parte de los que ya prácticamente lo controlan todo en Castilla y León, de la última pata que les faltaba, esto es, el sector financiero.
  2. El añadir a la corona de esa "supercapital" que estos megalómanos de nuevo cuño han soñado, la gema que más radiantemente refulgirá para solaz de los propios y asombro de los extraños.
Dicho esto y a la espera de cómo se desarrollará el proceso en estas semanas (espero equivocarme y que todo esto sea finalmente para bien), éste no es sino un capítulo más del desarrollo de un modelo equivocado que no genera más que desigualdad y ahondamiento de las diferencias. No va a ser aquí donde profundice en cómo y para qué esta comunidad se creó. Baste decir que se creó con los "retales" del proceso autonómico, lo que quedaba de territorio con el que no se sabía que hacer. Los que tuvieron que plantear un modelo al principio, optaron por un modelo "al uso" , similar a las comunidades con "pedigrí" y se equivocaron. Seguro que nobles sentimientos les embargaron al plantearlo y otros tan nobles han hecho persistir en el error más de 25 años luego. Pero cada vez se hace más difícil confiar en la buena voluntad de los gestores responsables de este desaguisado, que han conseguido que tanto tiempo después la indiferencia y/o el rechazo hacia la Comunidad Autónoma sea el género más popular, y que las diferencias reales entre provincias se hayan agrandado exponencialmente.

Esto no es Cataluña ni La Rioja, lo uno en cuanto a ese planteamiento identitario de comunidad que aquí no funciona, lo otro en cuanto al modelo centralista que en este monstruo territorial tampoco tiene sentido. Algunos siguen pensando que si la realidad no es como nos gusta, aún mejor que modificarla es inventarla; para eso tienen ingentes recursos a su disposición para impermeabilizarse frente a cualquier intento de disenso, para luego ridiculizarlo o criminalizarlo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

ÁGORA









Hola de nuevo.

En primer lugar quiero daros las gracias a tod@s aquell@s que me habéis animado a retomar este espacio, que tan abandonado he tenido. A tod@s os debo una explicación del porqué este intermedio y, por prolija, me reservo el trasladarla en persona si no lo he hecho ya. Baste aquí con decir que he pasado una época difícil en la que no me apetecía mucho "desnudarme" intelectual y emocionalmente hablando.

Por entrar al turrón ya sin más, la semana pasada estuve viendo "Ágora", la última de Amenábar. Y la verdad, con dolor he de decir que creo que le falta algo. No sé si pasión, emoción, cariño... pero algo. Y digo con dolor, porque el tema que de fondo se trata, esto es, la tolerancia, el fanatismo y el pensamiento científico como valores universales e intemporales, creo que está bien presentado, con exquisito gusto y objetividad; quizá esa objetividad sea lo que realmente transmita cierta frialdad. Tan bien tratado que los personajes (con la excepción del personaje del esclavo, verdadero protagonista de la película, no sé si intencionadamente o no) parecen una parte más del atrezzo y les falta cierta profundidad humana. Las interpretaciones son excelentes (mención especial para un sensacional Ashraf Barhom en el papel de Amonio), pero incluso una figura a priori tan fascinante como Hipatia, que pretende ser una personificación de la Razón, se convierte en un personaje que transmite poco.

Quiero decir, la película, tema a tema (la recreación de Alejandría es una gozada) es perfecta y es una más que recomendable película, para alguna gente diría que imprescindible... Pero que termina e inmediatamente te deja frío. No obstante, no pasa de ser una opinión personal.

Lo que ya no soporto es leer y escuchar algunas opiniones vertidas estas semanas alrededor de que se trata de un ataque a la religión católica; en especial, un chiste de Lolo en La Crónica me irritó por lo desafortunado. Creo que en su mayoría se trata de apriorismos expresados en voz alta, sin tomarse siquiera la molestia de ver el film. O lo que es peor, que algunos se pusieron las gafas de la intransigencia y que una verdad histórica de unos hechos (con escasísimas licencias en el guión) que fueron hasta condenados por representantes de la propia Iglesia pocos años después, sea negada hasta el absurdo con la excusa de contrarrestar una nueva ofensiva del terrorífico laicismo.

Obviamente el fanatismo es una enfermedad que aqueja a todas las ideologías, religiones y grupos. A los que les encanta ver Ben-Hur o Quo Vadis, deberían observar con tranquilidad una película que en el fondo trata de lo mismo que muchas de esas: de cómo el sectarismo a veces germina a nuestro alrededor y que la menos y/o la más noble de las causas puede servir de excusa para el demonio del odio y la barbarie.

O por el contrario, como desgraciadamente todavía se adivina en algunos movimientos político/asociativos de nuestro país, quizá algunos se horrorizan ante un león devorando a un cristiano, mientras momentos más tarde jalean a Aspasio apedreando a un filósofo en plena calle alejandrina.