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lunes, 27 de julio de 2015

LA CAÍDA DEL TERROR


El 9 de Termidor del año II en el calendario republicano francés, tal día como el de hoy pero de 1794, se produce la "Reacción de Termidor". En esta época se desdencadena el levantamiento de miembros de la Asamblea Francesa contra Robespierre, lo que pone final a la época del Comité de Salvación Pública, que por delegación de la Convención Nacional mandaba en Francia desde 1793. Y lo más importante, pone fin a la época del "Terror".

No hay una mejor manera de comprobar cómo una revolución puede acabar devorando a sus hijos, que observar lo que ocurre en Francia desde la - improbable solo unas horas antes de dictarse- decapitación de Luis XVI. Tras el afianzamiento en el poder de los jacobinos y de su facción más radical, la guillotina se fue llevando por delante no solo realistas, sino luego a girondinos y aún a destacados miembros del propio partido jacobino -los "jacobinos indulgentes"-, tales como Danton o Desmoulins. El poder concentrado entonces en las manos de Robespierre llegó a ser absoluto.

El Terror campó así durante meses en Francia. El diputado Siéyes (el autor del célebre y teóricamente revolucionario "¿Qué es el Tercer Estado"?), siendo preguntado por lo que había hecho en la Cámara durante este tiempo, comprobado que no había realizado ni una sola intervención ni iniciativa, contestó muy gráficamente:  -"Sobrevivir".

En Termidor, pues, el bueno de Maximielien, bajo cuya solo mirada temblaba el alma más firme, decidió acabar con su antiguo "amigo" Joseph Fouché  -procedían de la misma provincia y habían sido profesores juntos-. Para ello fue preparando el golpe de la misma forma que había dado tantos otros, amasando una intervención demoledora ante la Convención Nacional. Pero cometió el error de tomarse su tiempo ante un hombre que haría palidecer al príncipe de Maquiavelo. Fouché, acorralado como una bestia sin salida, desplegó todas las artimañas de las que solo una mente como la suya era capaz. Así, en semanas, los ánimos de los diputados de la Convención habían tornado del terror reverencial a Robespierre, al terror único y primigenio de estar en la próxima lista de sentenciados. Y ante eso reaccionaron.

Un Robespierre que subió a la tribuna en el mediodía del 8 de Termidor como señor de horca y cuchillo, para la noche era un hombre derrotado y ya al día siguiente un cadáver viviente. La caída de su cabeza puso fin al Terror y dio comienzo al Directorio, al que seguiría el Consulado y más tarde el Imperio.

Es un tipo curioso Robespierre al que la historia solo asocia -con razón- con guillotina. No son menores sus aportaciones teóricas, ni su inteligencia política. De la misma forma que es el mejor ejemplo de que un hombre recto según sus convicciones, que vivía con austeridad de franciscano, debido a su sectarismo se puede convertir en una plaga para la humanidad.

Llama la atención cómo para algunas rutilantes estrellas políticas españolas pueda ser referencia en una democracia del siglo XXI. De la misma forma que en la Convención se escupía al "infame moderantismo", se hace ahora trizas el concepto de consenso, que ha sido la herramienta sobre la que ha girado la mejor época de nuestra historia como país.

España es un país roto por una crisis social, institucional y territorial. Es un país tensado por el desigual reparto de la riqueza que ha producido desenganches de enormes capas de la población, por la corrupción que ha producido desconfianza en las instituciones, por el choque de nacionalismos que ha producido una crisis en Cataluña sin precedentes, por el radicalismo partidario... En España más falta hacen políticas de justicia social y de recuperación de cauces de entendimiento, que desquites ideológicos o revisionismos absurdos. Necesitamos coser y no destejer.

España es un país donde hacen falta más erasmos que robespierres