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martes, 20 de diciembre de 2016

NAVIDADES EN SEPIA





-¿Cómo que 10 euros por el café, ya ha vuelto a subir?-

Se cuidó mucho de solo pensarlo y pagó religiosamente. Después ya solo tendría que esperar 20 minutos de pie a que dijeran su número y, con suerte, no abrasarse al coger el vaso de plástico por donde no debía (como siempre). La verdad es que era todo una jodienda que podía haberse evitado con simplemente cruzar la calle y entrar en el bar de enfrente, siempre lo pensaba después, ¿pero quién se resiste a consumir en la cadena de moda? Es cierto que quizá pagara 8 euros más de lo que valía el café (tirando por lo bajo), como también que la cola para ordenar el servicio cada día que pasaba semejaba más la del último avión alemán de Stalingrado y, aún peor, estaba la imposibilidad absoluta de conseguir una mala silla; pero bueno, no imaginaba nada más realizante que poder pasear estilosamente con el vaso agarrado en la mano, marca bien visible, por las calles principales de la ciudad.

Fue al poco de salir cuando vio a ese extraño sujeto. Bombín, traje oscuro, bastón en mano y mostacho de morsa, no era un tipo habitual de ver. El hombre iba moviendo la cabeza mientras miraba al suelo y avanzaba a paso rápido, como atrapado en sus pensamientos. –Será un “minijipster” de la primera hornada-, pensó ella al verlo mayor y tan bajito, y siguió andando. No era fácil avanzar por momentos, la gente se apelotonaba en las calles centrales de la ciudad para las compras de Navidad.

Ya volvía a nevar, al menos las manos las tendría calientes con el café. Siguió caminando, tampoco tenía mucho que hacer y había que sacarle la máxima rentabilidad al recontrafrapuchino que había comprado (la rentabilidad se medía en paseos). Se paró un momento en la tienda de electrodomésticos y quedó  fascinada con la nueva televisión de chorrocientas pulgadas cuyos extremos de la pantalla, de tan ovalados, amenazaban con prácticamente tocarse. Con tanto óvalo bien, lo que se dice bien, no es que se viera la imagen, pero por supuesto que no tardó más de 10 segundos en pensar que la necesitaba en su casa. Calculó mentalmente cuánto equivaldría su precio en cafés.  Se fijó un momento en la pantalla, parecían retransmitir imágenes de algún canal de noticias. La escena era dantesca: humo, casas derruidas, cuerpos en el suelo. La caligrafía árabe de algún cartel le hizo enseguida pensar en Oriente Medio, en el Norte de África, o en Irán, la verdad es que no distinguía muy bien un sitio de otro y aunque le daba pena, estaba tan lejos…

Continuó avanzando, ya con muchas dificultades, por una calle cada vez más atestada. En un momento dado el apretujamiento era tan grande, que solo alcanzó a levantar la cabeza buscando respiro. Cuando miró hacia arriba inmediatamente una cosa captó su atención. ¿Qué era aquello? ¿Un globo grande? No, se llamaba de otra manera…¡sí, un zeppelín! Era la primera vez que veía uno, no sabía en verdad que esos artilugios siguieran existiendo. Seguramente fuera una atracción del ayuntamiento para estas fiestas, era muy original.

La presión humana disminuyó y pudo doblar la esquina para enfilar otra de las calles principales. Eran muy bonitas también esas farolas retro que debían de haber instalado estos últimos días, porque no las recordaba. Estaban encendidas pese a ser pleno día, aunque no era de extrañar porque apenas había luz. Era un día especialmente plomizo y gris, aunque ahora que lo pensaba, más que gris era como si fuera en blanco y negro… ¿Dónde iría ese tipo con levita? Pasó al lado de unos adolescentes que estaban importunando a un mendigo. El pobre no tenía suficiente con estar en la calle en plena nevada, con estas temperaturas y además tenía que soportar a esos niñatos. Pronto se arrepintió de haber observado demasiado, porque inmediatamente los chavales modificaron su atención, prácticamente pegándose a ella mientras caminaba y profiriendo una serie de obscenidades que le hicieron enrojecer. Aceleró el paso, eran intimidantes y además nadie parecía sentirse concernido por la situación a su alrededor. Solo la dejaron cuando advirtieron la cercanía de un policía municipal que caminaba en sentido justo contrario. Esa gorra, ese uniforme, el policía parecía salido de una escena de postal antigua, estos del ayuntamiento se aplicaban a conciencia con el escaparate navideño…

Un mozalbete tocado con una gorra estaba ofreciendo periódicos a los viandantes y tomó uno. Se paró un momento para ver la portada, intentando arreglárselas para que el vaso de café no se le cayera de las manos. La estampa que mostraba, en blanco y negro, era para echar a correr si no fuera por lo habitual que ya se hacía ver según qué cosas: un asesinato de un diplomático europeo en Oriente, tensiones nacionalistas…hasta parecía haber nacido un nuevo partido político radical, de cuyo multitudinario acto de inicio traía el periódico noticia como principal en la portada. Se podía ver sobre un atril a un hombre disertando, del que destacaba su expresión arrobada, unos anteojos redondos bastante pasados de moda y un magnífico mostacho. En la portada, por lo demás, la enésima referencia al problema de esos refugiados que no paraban de crear problemas y de los que nadie realmente quería hacerse cargo.

Enrollando el periódico, decidió seguir avanzando y doblar en la siguiente esquina, para así volver a contemplar el escaparate de aquella televisión que tanto le había fascinado. Por fin llegó, tenían sintonizado el mismo canal de noticias y aparecía en imagen la fotografía de un tipo con intensa mirada de loco y bigote recortado. No entendía muy bien lo que ponían las letras que pasaban debajo. ¿”Putsch”? ¿Qué es eso?

No le dio más vueltas y volvió a soñar con la estampa que haría ese aparato en su minipiso. ¿Realmente tendría buena perspectiva observando la imagen a un metro, la máxima distancia que podía conseguir en su salón? Seguro que sí y, en todo caso, ya se preocuparía de eso cuando la tuviera en casa. En ese momento decidió que era el mejor regalo de Navidad que podía hacerse, que qué mejor manera de gastar sus últimos ahorros, al fin y al cabo todavía le quedaban 2 meses de subsidio de desempleo. Y pagar la calefacción…bueno, la calefacción no era tan vital en un sitio tan pequeño. Para eso había mantas. 

Decidió volver a casa y emprendió camino. En una fachada había un gran cartel felicitando las fiestas. “Feliz Navidad y…”, comenzaba, continuando con el inevitable “feliz año nuevo…” Un momento, ¿qué ponía? ¿2017…1917…1927...?


Felices Fiestas y Feliz Año 2017. Lo mejor de todo es que tenemos un año por delante para hacer las cosas mejor y arreglar bastantes desaguisados.





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miércoles, 9 de noviembre de 2016

CASANDRA, PROFECÍAS, ENCUESTAS Y PSOE


Comparto aquí el enlace a la columna de opinión que publiqué en eldiario.es:


SALIR DE LA EXCEPCIONALIDAD, CERRAR HERIDAS


Comparto aquí el enlace a la columna de opinión que publiqué en eldiario.es:

LA EXTRAÑA DERROTA


Comparto aquí el enlace a la columna de opinión que publiqué en eldiario.es:

http://www.eldiario.es/tribunaabierta/extrana-derrota_6_571202903.html

SALVAR AL PSOE DE SUS MILITANTES


Comparto aquí el enlace a la columna de opinión que publiqué en eldiario.es:

http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Salvar-PSOE-militantes_6_565953447.html

martes, 9 de agosto de 2016

SUENA LA MÚSICA EN LENINGRADO




Tal día como hoy, en 1942, se estrenaba en Leningrado la Sinfonía nº 7 de Shostakovich, la llamada precisamente así, "Leningrado". Leningrado, la fabulosa San Petersburgo de los zares, la Petrogrado de la Gran Guerra, rebautizada en 1924 con el nombre del líder de la Revolución Rusa Lenin, y retomado el original San Petersburgo por la cleptocracia nacionalista rusa actual.

No es una fecha cualquiera, ni una circunstancia cultural cualquiera tampoco. Ese 9 de Agosto de 1942 hacía casi un año que la ciudad se hallaba cercada por el ejército alemán. Unas 3 millones de personas habían soportado todo tipo de penalidades durante tantos meses y lo que es peor, habrían de soportarlas durante otros dos años de cerco. Se calcula que las muertes por hambre, frío, o bombardeos alemanes, llegaron casi al millón de personas durante estos 3 años. Asedio, por cierto, en el que estuvieron desplegados los miembros de la División Azul que ese Franco "no beligerante" envió para dar soporte a los nazis.

El panorama aún era más negro por la falta de esperanza real durante la mayor parte del sitio. Ese 9 de Agosto de 1942 el ocaso de la máquina de guerra nazi parecía improbable o muy lejano. Y ese era un enemigo aún peor que los propios alemanes: la desesperanza.

A Stalin se le pueden (y deben) achacar toda clase de desgracias y calamidades, pero no que no entendiera bien la utilidad de la propaganda. Aún más, los rusos habían aprendido de su estancia en España el valor de la misma y lo importante de que las ciudades sitiadas, símbolo de la resistencia, mantuvieran alta la moral. No en vano algunos de los defensores principales de Leningrado -como Rodimtsev lo fue en Stalingrado- habían visto el Madrid cercado de 1936 a 1939, habían visto sus cines funcionando, sus teatros, a los poetas en el frente... Y no hay mejor forma de crear comunidad, lazos de unión, que la cultura. Eso es algo que muchos gobernantes de nuestros tiempos aún no han entendido.

Dimitri Shostakovich era el artista de Leningrado por antonomasia. Un músico vanguardista que ya entonces no se había librado de la censura del régimen por ser eso, demasiado vanguardista. Pero un reputado músico de talla internacional, quizá el último gran sinfonista. Shostakovich había sido evacuado de la ciudad tras los primeros momentos de cerco y ya para entonces trabajaba frenéticamente en la composición de una sinfonía que dedicó a Leningrado.

En verdad, la sinfonía ya se había estrenado en Marzo, en su retiro de Kúibyshev (Samara en la actualidad). Pero qué símbolo mayor de resistencia, qué imagen mayor de la superioridad moral y cultural de un pueblo, que estrenar la obra en ese Leningrado rodeado por los alemanes. De hecho, ya desde que llegaron noticias a la ciudad de su estreno, había muchas voces que reclamaban que era "su sinfonía" y que era allí donde se debía interpretar.

La tarea no era fácil. Se trataba de garantizar la seguridad en un teatro durante los 80 minutos de duración de la obra, en una ciudad rodeada y bombardeada constantemente. Y luego estaba el asunto de la orquesta. Desde que la Orquesta de la Radio de Leningrado había interpretado la patriótica "1812" de Tchaikovsky y tras el cierre del anillo alrededor de la urbe, no se había vuelto a reunir.  No fue un trabajo menor localizar a los músicos vivos de la agrupación por toda la ciudad, muchos de los cuales estaban en condiciones lamentables. Principalmente los intérpretes de viento no eran capaces de tocar una nota sin desfallecer. Además eran pocos y la obra requiere de un gran número de músicos, por lo que lo que se desarrolló una auténtica leva de talentos por toda la ciudad. Los ensayos fueron tan duros, que hasta se castigaba con las raciones por cualquier mala praxis.

La obra iba a ser emitida por radio y las autoridades soviéticas se preocuparon de diseminar altavoces por toda la ciudad. No se trataba de que la escucharan toda la población rusa, sino de que las tropas alemanas escucharan el desafío. Diseñaron también una furiosa preparación artillería para evitar que los nazis pudieran impedir el desarrollo de la obra mediante algún ataque (lo que no impidió que igualmente intentaran cañonear el teatro).

Finalmente ese 9 de Agosto, la fecha en la que Hitler había predicho previa y públicamente que caería la ciudad, los instrumentos comenzaron a tocar y la sinfonía a escucharse por todo Leningrado. Ese fue el momento, como narran muchos supervivientes, en el que "entendimos que un pueblo que es capaz de hacer eso en mitad de nuestra situación, no podía perder".

Sobre el asedio de 900 días de Leningrado se ha escrito mucho y se han narrado muchas azañas, individuales y colectivas. La última en llegar a mis oídos es la del grupo de científicos soviéticos encargados de cuidar una explotación de cultivos experimentales, que prefirieron morir antes que  comerse su trabajo. Pero la composición, la interpretación de la Sinfonía Leningrado es la historia de una obra magna de humanidad. De cómo incluso en mitad de la barbarie y la catástrofe, el espíritu humano es capaz de elevarse a las mayores cotas de grandeza.

Solo me queda invitaros a escuchar una obra que no os decepcionará y pensar, mientras la disfrutáis, que todo lo que contiene no son solo notas maravillosas.




miércoles, 27 de abril de 2016

DEMASIADA PRISA



Enlazo aquí el artículo que publiqué en la web de información "Público":

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/6332/demasiada-prisa/


CULTOS, INTELIGENTES Y CON SENTIDO COMÚN






Leíamos esta semana que la CIA había desclasificado un informe que data de los albores de la invasión de Irak, en el que quedaba de manifiesto que el país distaba de tener armas de destrucción masiva y que ello era conocido por los gobernantes de entonces. Ello no impidió al "trío de las Azores" emprender una campaña de engaño masivo para empujar a "Occidente" a una intervención dirigida a deponer a Saddam Hussein, basado todo en que los informes de inteligencia habían indicado lo contrario a lo hoy conocido.
Tampoco es nuevo el que esas hubieran sido las circunstancias, de hecho hasta el propio Tony Blair ha reconocido este extremo y pedido perdón por ello. No es gran consuelo, pero lo cierto es que también ha sido el único de los implicados que lo ha hecho y era lo mínimo exigible. De los otros dos, George Bush junior suele mantener un prudente silencio, y nuestro nunca bien ponderado ex-presidente Aznar sigue sacando pecho con el tema allá por donde le quieran escuchar.

Las consecuencias de la intervención son de sobra conocidas: decenas de miles de muertos y desplazados, transformación de Irak en un "estado fallido", desestabilización de todo Oriente Medio, aliento para movimientos como Al-Qaeda o ISIS...

Repasando estos días el genial libro de Amin Malouf, "Las Cruzadas vistas por los Árabes", no dejaba de observar una analogía prodigiosa. A mediados del siglo XIII, Luis IX de Francia -más tarde San Luis-, emprendió la última gran cruzada con intención de conquistar el Egipto ayyubí. El monarca franco desembarcó en el Delta del Nilo, tomó la ciudad de Damieta y se negó a cualquier tipo de negociación con el sultán musulmán. El desastre militar no tardó en producirse y el rey francés se acabó viendo obligado a una rendición incondicional y fue capturado por los egipcios, quienes procedieron posteriormente a liberarlo a cambio de un rescate y la promesa de no volver a intervenir en la zona. 

Por el camino la situación produjo la caída de la tolerante y moderada dinastía ayyubí (descendiente de Saladino) y la elevación de la dinastía "esclava" mameluca, mucho más dura en sus postulados y acciones, más adaptada al entorno de "guerra total" que vivía el mundo musulmán, por la combinación de cruzados occidentales y el poder mogol. Los mamelucos no tardaron en ser preponderantes también en toda la zona, frenando a los gengiskánidas, expulsando a los restos de los cruzados y aprovechando la enanización del poder bizantino -por mor asimismo de la acción de los cruzados, añadiendo un factor adicional de desestabilización regional-.

Hay que decir que Luis IX tampoco aprendió la lección, acabó sus días víctima de la disentería junto con gran parte de su ejército, frente a Túnez, en lo que fue el epílogo desdichado a la VII Cruzada. Su final, agachado y con un agujero trasero en los pantalones, dista de ser precisamente una muerte épica.

Narra el historiador musulmán Ibn Wasel, que antes de que los negociadores egipcios le canjearan, no perdieron la ocasión de sermonear al monarca franco:
- "Cómo un hombre con sentido común, culto e inteligente como tú, puede embarcarse de esa forma en un navío para venir a una región poblada por incontables musulmanes? Según nuestra ley, un hombre que cruza así el mar no puede actuar de testigo en un juicio" .

- "¿Y eso por qué?",  inquiere el francés.

- "Porque se considera que no está en posesión de todas sus facultades".

A los tres que decidieron invadir Irak en 2003, eliminando la parte del sentido común, la cultura y la inteligencia -a la luz de los hechos-, podríamos decirles lo mismo.

Aquí el enlace a la versión publicada en el diario "El Español": http://www.elespanol.com/espana/20160329/113358665_12.html

viernes, 26 de febrero de 2016

RAZONES PARA UN ACUERDO


Hay quien ha repetido hasta la saciedad durante estos meses, para desdecirse estos días,  que la realidad política española no se puede explicar y aún menos dirimir en el “eje izquierda-derecha”. No iré yo tan lejos. Creo que la variable izquierda-derecha sigue siendo un elemento perfectamente útil para situar a los agentes políticos, pero sí creo que no es la única para resolver políticamente la situación que vive nuestro país.

En efecto, las urnas han producido una situación en el parlamento que exige de grandes acuerdos para desbloquear matemáticamente la posibilidad de formar Gobierno y esto necesariamente implica esforzarse en buscar coincidencias más que diferencias. Mucho más habida cuenta de que todos los estudios no predicen un resultado muy diferente si se repitieran las elecciones.
Soy de la opinión de que el interés, por encima de la “puridad ideológica”, es  en lo inmediato dar una salida a una situación que se ha tornado en irrespirable. No es ya el bloqueo institucional, es la absoluta necesidad de apear de las instituciones a un PP acribillado por la corrupción y dirigido por un Rajoy que ha sido factótum durante todo este tiempo. De la misma forma que hay que recuperar los servicios públicos básicos y al menos reequilibrar socioeconómicamente un país donde las diferencias entre privilegiados y los demás se han disparado. La última y no menor responsabilidad, es regenerar nuestras instituciones.

Entiendo que desde el PSOE hemos cumplido con nuestro deber estas semanas. Más allá del éxito final, no se puede acusar al PSOE o a Pedro Sánchez de haberse puesto de perfil. No lo digo tanto por contraposición a la irresponsable espantada de Rajoy, sino a la propia idea de que el mandato del jefe del Estado era encontrar un acuerdo que permita formar Gobierno.
El pasado miércoles el PSOE y Ciudadanos hicimos público un acuerdo de investidura sustentado sobre un amplio contenido programático. Quiero ser sincero: del acuerdo hay cosas que me ilusionan (la parte relacionada con la Cultura me parece que plantea logros históricos), otros que solo me gustan y alguna parte me gusta menos. Pero la pregunta que importa es: ¿globalmente el texto es positivo, el país que dibuja es sensiblemente mejor que el que tenemos en este momento? Y la respuesta es: rotundamente sí.

Preferiría eso sí no haber tenido que pactar, preferiría que tuviéramos (blasfemia) mayoría absoluta y aplicar solo nuestro programa. Y si no, alternativamente, un pacto de izquierdas. Pero la aritmética es tozuda, la posibilidad de formar gobierno solo existe poniendo de acuerdo en lo esencial a fuerzas políticas que ideológicamente tienen muchas diferencias, pero que pueden compartir lo esencial de lo que he señalado más arriba.


Hoy ya podemos dividir el espectro político español en dos grandes grupos: el del inmovilismo cómodo y el de aquellos dispuestos a tejer una acuerdo pese a que conlleve alguna dificultad. No parecen muy razonables aquellas posturas en las que la mayor parte de sus peticiones o planteamientos son de cierre, de bloqueo y exclusión de otras fuerzas. O al menos no lo parecen si lo que se pretende realmente es buscar un acuerdo.
Lo que tampoco parece razonable es que después de estar esperando casi 20 días para sentarse en una mesa con el PSOE -y eso después de que se les forzara por parte de otras fuerzas políticas- y de apenas una reunión y media, alguien se levante directamente de la mesa sin intentar por todos los medios buscar coincidencias con el texto conocido, o al menos decir en qué debería cambiar para poder avanzar.

A los socialistas y a Pedro Sánchez seguro que se nos pueden recriminar muchas cosas y sería una osadía pensar que acertamos en todo, pero nadie puede negar seriamente que la búsqueda de un acuerdo se ha realizado  con sinceridad, honestidad y coherencia. Ningún principio de justicia de progreso ha quedado en entredicho en el acuerdo alcanzado; es más contiene la enorme virtud de ser integrador y abierto a otras organizaciones y partidos políticos. Pero el momento y las necesidades de España exigen que esto no sea suficiente.

Pedro Sánchez no puede, no debe buscar un liderazgo político sustentado en la imposición de sus posiciones, sino fraguar una presidencia capaz de aunar voluntades diversas. El país necesita un gran impulso y los grandes temas económicos,  sociales e institucionales exigen la concurrencia de muchos actores con perspectivas muy diferentes e incluso con diagnósticos divergentes. Y se equivocan quienes han planteado desde el primer momento  el acuerdo desde la exclusión. No debemos olvidar que la propia existencia del Estado de bienestar es producto de acuerdos y la transacción entre fuerzas conservadoras, liberales y progresistas.

El contenido del acuerdo anunciado es razonable y positivo. Es coherente y puede ser la razón para construir sucesivos anexos con otras fuerzas.  Hay un hilo conductor, un relato bajo el que se dibuja una legislatura de cambio para España y alienta la suma de voluntades sociales, empresariales y cívicas en avanzar en las reformas y mejoras que necesita. Claramente impone una agenda que restaña muchas de las heridas provocadas por los recortes y abre la posibilidad a la ampliación de derechos y del catálogo de bienestar. Y también creo que se prevén propuestas para  prevenir  futuras y nuevas caras de la desigualdad.

Como socialistas, como progresistas, apoyar este acuerdo es el camino para poner las bases en el objetivo de lograr la regeneración y reconstrucción económica, cívica  y social, de España. Y lo es tanto la posibilidad de incorporar más propuestas, ópticas diferentes y completar el que puede ser un gran acuerdo para generaciones. Y puede que (enunciaré otro anatema, por qué no soñar) un PP renovado y regenerado desde la oposición, pueda acabar participando de la construcción de un modelo de país del que sería un error que se descolgaran los millones de ciudadanos por ellos representados.

Los españoles miramos al norte de Europa con anhelo y admiración. Quedamos obnubilados ante su estado social y gozamos cuando vemos en la teleserie danesa “Borgen” cómo las fuerzas políticas son capaces de tejer acuerdos en las cuestiones esenciales. Hasta que volvemos a nuestra propia realidad y nuestro primer instinto es sacar el garrote goyesco. Avanzar en esta coyuntura exigirá subrayar la cultura del pacto, por supuesto sin renunciar a principios esenciales. Es lo que la ciudadanía española nos ha encargado.